El desveloper

13 Nov

Dicen que dicen en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que el huicho es un gran programador. O cuando menos un buen programador. O un programador decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un programador. (Por lo menos sirve de mal ejemplo)

Le llega la noticia al huicho y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un programador! ¡Soy un programador importante! ¡Soy un gran programador!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un programador. ¿Por qué los programadores no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice el huicho. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice el huicho. No soy un programador: soy un peatón.

Y esta vez se va de vacaciones con una alegría dulce y tranquila.

El original esta bien chingón, del mai Sabines uno de los mexicanos que más admiro, que a pesar que criticó como nadie al gobierno por la bronca del 68, en tiempos anteriores coqueteo con la ultraderecha como muchos, además dice la sabrosa de la maestra Ángeles Mastretta que era un don bien cábula. Esta bien chairo pero estos compas crearon textos que te rompen el coco y te hacen más chairo, o en las librerías tienen un rayo chairizador y los afectados se desquitan haciendo un blog con un remix de letras porque no hay para más

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